miércoles, 13 de enero de 2016

DEJA DE LATIR, QUE TENGO QUE PENSAR.



No se puede olvidar lo que no se quiere olvidar ni se puede luchar contra todo con espadas de goma.

Bendito corazón que resiste bien la batalla, que a veces se siente pobre de argumentos frente a una razón serena, fría, infranqueable. Bendito él, que aguanta el chaparrón de motivos argumentados con la mejor oratoria, apoyados por un público de cabezas asintiendo; aplaudiendo el discurso.

Un discurso firme y pensado, lógico y comprensible. 

Bendito corazón que se encoge cuando el público se va, que bombea cada palabra razonada. Que cuando todo termina de pensarse le toca a él ser el punto de apoyo, cuando cae la tarde, cuando el ruido desaparece. Cuando ya no vale nada y el consuelo se te escapa de las manos porque estás desnudo ante él, ya nada impide que esté latiendo tan fuerte que parece que se te va salir.

Pobre de él como eterno actor secundario, subyugado a los miedos y a las palabras; conteniendo casi siempre la verdad. Impotente. Ahogado por la falsa madurez de la cabeza.

Bendito corazón siempre atrapado, que nos baila al son de las emociones, que te empuja siempre al camino aunque intentes desviarlo, que te impulsa hacia donde quieres estar pero lo frenas. 
¿Qué hace? Habrá que pensar las cosas primero...

Pensando y pensando pasó el camino, y en los cruces pensaste más y también pasaron. Pensaste cuando era necesario, eso siempre; pero también cuando no lo era tanto. Y un día pensaste por qué pensabas tanto y un compás familiar acariciaba el lado izquierdo de tu pecho, y se liberó tu piel y te levantó el vello; y te diste cuenta que todo estaba pensado antes de empezar a pensar. 

Porque no estaba pensado, estaba sentido.

Cinco sentidos para vivir, una vida para equivocarse, un camino para elegir senderos. Las palabras para hacernos fuertes, para decir y desdecir sin miedo, las palabras para disfrazarnos cuando haga falta. Pero un solo corazón que sabe lo que quiere, con el que estar a solas, al que no podemos engañar, con el que no podemos razonar, que a veces, por supuesto, tenemos que controlar.

Un solo corazón que nos acojona.



2016









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