lunes, 29 de agosto de 2016

CÁNTAME LAS LÁGRIMAS QUE YO TE BAILO.


                                         "Solo los idiotas dejan ir lo que les hace felices."


Escuchar una canción que te haga dudar de todo. Ponerte aquel vestido. Encontrar una notita por accidente o abrir un cajón y ver una foto que en vez de una foto parece un disparo directo al pecho.

Todo eso, alguna vez, lo hemos sentido, tanto que seguro que a algunos aún se les eriza la piel; el dolor y la felicidad nunca van por separado, si eso fuera así, nadie amaría con intensidad, porque es esa intensidad la que encamina el dolor en algunos momentos, porque sin esa intensidad no hay dolor y si algunas cosas no duelen, tú a esa persona ni la quieres ni nada. Los postureos para quien los necesite.

Cuando has querido tanto, has sufrido, y puede que al final haya un final y puede que pienses que para qué querer, porque esperas que esa persona te haya amado como tú a ella y cuando se ama de verdad, no se deja de amar en mucho tiempo. Mucho. Y cuando digo mucho, aún es demasiado poco.

No puedes desistir en tus principios.

Un día naciste y creciste, y por primera vez te subieron cosquillas por el estómago en el pasillo del colegio, te mandaron cartas y te sonrojaste y hasta te robaron un beso en el portal. Otro día te miraron y tú miraste y se paró el tiempo, invertiste madrugadas en besos y conversaciones que nunca imaginaste tener, y esperaste su llamada y tres llamadas al día no eran suficientes. Y lloraste muchas veces pero te dieron muchos más abrazos de los necesarios porque eso era lo que te agrandaba el corazón, y las lágrimas pasaban. Ese día compartiste todo durante mucho tiempo, te enamoraste de verdad y fuiste la persona más feliz. Y te dieron ganas de matar, porque te importaba, pero luego se te pasaba y al final hasta te reías. La risa... indispensable, impagable, incontable. Aquel día, te aseguro que no hacía falta hablar para entenderse.

Pero a veces las historias tienen que acabar.

¿Te acuerdas de todo eso que te he contado? Eso es irrepetible pero no sacrificable.
El amor sigue vivo siempre, las personas cambian pero la esencia es la misma, tú te enamoraste un día y eres capaz de volver a hacerlo, porque sabes lo que es, sabes que puedes dar todo eso y que conformarse no es una opción. Si suena infantil me da igual, a mi me suena patética la comodidad, lo siento.
Abogo por ese corazón latiendo fuerte cuando estás esperando a que llegue a por ti, por tener que reírte sin querer cuando estás enfadada, por esas palabras que te suenan a salvación, esas palabras que vienen de la voz correcta. Por los mensajes de buenos días que te cambian el humor de los lunes y por la tranquilidad del amor, la de dentro dentro, que la notas tú y hasta te la notan los demás.
Porque no sabes si es "para siempre" o para dos años o para unas horas o hasta que se te vaya el alma.

Abogo por la luz en los ojos, inconfundible.
Y abogo por estar solos antes que con cualquiera que solo te haga sentir acompañado.

Quizá ese niño que un día descubrió que tenemos mariposas en el estómago tiene que dejar de reprimirse.  Le tenemos mucho miedo y todo lo que nos dio fue el camino que ahora tenemos andado, ahora no te acuerdas de lo que lloraste hace cinco años, pero te acuerdas de aquella vez que te tiraste en la arena a ver las estrellas con una toalla harta de vivir y te parecía el mejor plan del mundo. ¿Ves como las lágrimas pasan y el amor no? Aunque sea solo en el recuerdo.

Utopías imprescindibles. La paradoja de tener los pies en el suelo y el corazón en las nubes, creer en el amor aún habiendo sentido la mayor de las decepciones. Creer en el amor no es buscar a alguien, es estar contigo, y cuando se te enciendan los ojos, no luchar por apagarlos.

Que alguien toque la guitarra que yo me pongo los tacones.














lunes, 11 de abril de 2016

EL MOMENTO "SON LOS PADRES"



Ahora no es el momento

Del lat. piensus demasiadus.

1. n. Situación para la que crees no estar preparado pero que quizás no se vuelva a repetir, con lo cual la paranoia mental se convertirá en arrepentimiento en un futuro no muy lejano.

2. n. Verdad a medias. Puede que lleves razón, piensa y deduce, pero lo alargues más de lo que deberías, el miedo engaña; y pierdes.

3. interj. jerg. Variante del vulgarismo acojonarse.

4. pl. Expresión que se usa cuando no se tiene valor de decir NO QUIERO.


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El momento lo eliges tú.

Entonces, a ver si nos entendemos, resulta que eso de tomar decisiones se nos da regular nada más, es difícil, arriesgado y casi siempre nos parece precipitado. Ahí es cuando queda de puta madre decir que no es el momento. Vamos a reconocer las verdades.
El tiempo se ríe de nosotros. Los días, las horas, los años... la vida, el café bajo el sol, el viaje a Australia, el curso de cocina, ese libro de la estantería o el amor de tu vida; todo se va dejando cogiendo polvo, esperando a que suene la alarma de algún reloj y nos avise de que no podemos esperar más.
Y eso no va a pasar, suerte que alguien te diga que te espabiles, que nada espera para siempre o que lo que espera se cansa de esperar, lo malo es que a ese alguien siempre vamos a contestarle que es súper pesado y que a ver si se calla ya que nosotros sabemos bien lo que hacemos.

Ilusos.
La sensación tan amarga de dudar si estás dejando escapar oportunidades, esa sensación tan ansiosa, que te hace mirar el libro y pensar que deberías empezarlo, lo sabes, sabes que si no te tomas ese café al sol, te vas a sentir como una mierda, pero al final te levantas a las tantas y llamas para decir que no vas. Qué mala sensación de vacío, de culpabilidad, de querer pegarte a ti mismo.
Lo que no hiciste ayer, quizá tienes suerte y puedes hacerlo hoy o mañana, pero pasado mañana ya no, ni el mes que viene ni cuando pase el invierno o cuando te sientes en un banco una noche y te des cuenta de todo. No es cuando tú quieras, el momento no es la alfombra donde esconder las pelusas que no te gusta ver en el salón. El momento es la multiplicación del presente sucesivo.
Qué cobardes. Todos. No se escapa nadie, porque todos hemos dicho mil veces "no es el momento".

Maticemos. No es verdad que sea mentira.
De verdad que hay veces que la situación no es la mejor para que algo se dé, por supuesto que es de ser inteligente pensar las cosas y valorar y quizá dejarlo en stand by porque sea peor el remedio que la enfermedad. No puedes dejar tu trabajo y hacer un máster que te han ofrecido si necesitas el dinero, no puedes coger ese libro y ponerte a leerlo en plenos exámenes, ni tomar café al sol si estás resfriado, ni correr tras el amor de tu vida cuando tu vida no la entiendes ni tu, no es justo, nada de eso.

Pero.
¿Ver los momentos pasar por delante de nosotros es todo lo que podemos hacer?
Pasando de utopías absurdas, ¿No es verdad que nos acomodamos a más no poder? Si hacemos examen de conciencia, ¿No confiamos demasiado en lo que llamamos destino? 
A lo mejor, aquel cocinero que tanto te gustaba no vuelve a dar el curso de cocina, a lo mejor tu amiga se muda a China y no sabes cuándo vas a poder tomarte ese café, a lo mejor se aleja tanto que se pierde, a lo mejor pasan los años y nunca fuiste a Australia y eso te llenará de pellizcos en el estómago y de noches sin dormir, pensando que podías haberlo hecho y que ahora ya es tarde.
El momento es la fuerza que cada uno tenga en su interior. El impulso y la energía, el preferir salir lleno de arañazos a nunca irte de excursión al campo. Si te pones a pensar , no es tan malo arrepentirse, peor es perdérselo. 
No es cuestión de lanzarse al vacío sin paracaídas, tonterías las mínimas, es cuestión de que merezca la pena; nuestros días, nuestras primaveras, los soles y los paraguas de colores. No duermas tanto y abre la ventana, aunque haya nubes; descuelga el teléfono y dile a tu amiga que sales ya, cómprate una hucha y empieza a ahorrar para irte de viaje, ponte el vestido rojo que guardas para una ocasión especial porque especial puede ser este viernes y no lo sabes,sal corriendo detrás del amor de tu vida, porque puede que sea el que te haga entenderte. 
Escribe lo que querrás leer en unos años

Nunca sabemos si acertamos o la cagamos enormemente, las dos cosas al menos nos hacen grandes.
Todo pasa, pero mejor pasarlo que verlo pasar, ¿No?
  


2016









miércoles, 13 de enero de 2016

DEJA DE LATIR, QUE TENGO QUE PENSAR.



No se puede olvidar lo que no se quiere olvidar ni se puede luchar contra todo con espadas de goma.

Bendito corazón que resiste bien la batalla, que a veces se siente pobre de argumentos frente a una razón serena, fría, infranqueable. Bendito él, que aguanta el chaparrón de motivos argumentados con la mejor oratoria, apoyados por un público de cabezas asintiendo; aplaudiendo el discurso.

Un discurso firme y pensado, lógico y comprensible. 

Bendito corazón que se encoge cuando el público se va, que bombea cada palabra razonada. Que cuando todo termina de pensarse le toca a él ser el punto de apoyo, cuando cae la tarde, cuando el ruido desaparece. Cuando ya no vale nada y el consuelo se te escapa de las manos porque estás desnudo ante él, ya nada impide que esté latiendo tan fuerte que parece que se te va salir.

Pobre de él como eterno actor secundario, subyugado a los miedos y a las palabras; conteniendo casi siempre la verdad. Impotente. Ahogado por la falsa madurez de la cabeza.

Bendito corazón siempre atrapado, que nos baila al son de las emociones, que te empuja siempre al camino aunque intentes desviarlo, que te impulsa hacia donde quieres estar pero lo frenas. 
¿Qué hace? Habrá que pensar las cosas primero...

Pensando y pensando pasó el camino, y en los cruces pensaste más y también pasaron. Pensaste cuando era necesario, eso siempre; pero también cuando no lo era tanto. Y un día pensaste por qué pensabas tanto y un compás familiar acariciaba el lado izquierdo de tu pecho, y se liberó tu piel y te levantó el vello; y te diste cuenta que todo estaba pensado antes de empezar a pensar. 

Porque no estaba pensado, estaba sentido.

Cinco sentidos para vivir, una vida para equivocarse, un camino para elegir senderos. Las palabras para hacernos fuertes, para decir y desdecir sin miedo, las palabras para disfrazarnos cuando haga falta. Pero un solo corazón que sabe lo que quiere, con el que estar a solas, al que no podemos engañar, con el que no podemos razonar, que a veces, por supuesto, tenemos que controlar.

Un solo corazón que nos acojona.



2016