jueves, 1 de mayo de 2014


FELIZ DÍA DEL ¿TRABAJO?

A punto de llegar a su fin el primero de Mayo, día del trabajador, me gustaría decir algo breve.

Aún me acuerdo, cuando era pequeña, cómo nos alegraba la vida el puente del uno de mayo, cómo nos explicaban en el colegio la declaración, en julio de 1889, de este día como el de la ratificación del derecho de los trabajadores; cómo creía en la Constitución y cómo me sentía de orgullosa y cuánto iba a trabajar cuando fuera mayor.
Qué mala suerte ¿no?
Qué mala suerte que el tiempo haya pasado para pisotear, machacar y ningunear algo que era tan importante.  Qué mala suerte tener que pagar las consecuencias de años y años de abuso, de engaños, de abrirle la puerta a los ladrones para que nos dejen en bragas.

De qué sirve la política si no hacen uso de ella, sí, para adornar está bien, la pones al lado de "democracia" y quedas como un señor. Suena a progreso, a libertad, suena al pueblo y a sus voces, a la mentira más grande de todas. 
La verdad es que estamos perdidos en una maraña de palabrerío cobarde de unos cuantos listos que desde luego han sido más listos que nosotros, que les damos igual, que siguen esperando que aguantemos. Y aguantamos. 
Los médicos, no son médicos, ni los profesores son profesores, ni los ingenieros construyen nada, los periodistas no se expresan y los investigadores no encuentran la cura de nada. Esa es la verdad, eso es España, y todos los grandes profesionales están celebrando este día haciendo horas extra en algún trabajo de segunda para poder llegar a fin de mes. 

Esto lo digo yo, desde otro país, y lo dirán otros que hoy están en la playa o tomando unas cañas, y no servimos para nada, porque cuando éramos pequeños todo era muy fácil, porque nadie nos dijo que teníamos que levantarnos, ya se habían levantado por nosotros, y habían luchado, no hemos aprendido que un país se sostiene por el pueblo y que un tío que se hace llamar presidente del gobierno es solo una parte más que nos acompaña y no un eco barato de la dictadura. Estamos pagando muy caro nuestras agradables infancias.


Hoy no hay nada que celebrar.

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