lunes, 26 de mayo de 2014

LAS AMIGAS

Un día volví a casa después de mucho tiempo ausente, perdida, equivocada; dejé la maleta e hice una llamada. Esperaba reproches o distancia, o un abrazo frío, pero todo lo que encontré fue: "¡Cógete una copa que nos vamos!", seguido de unas cuantas cuantas sonrisas impagables, felices por verme. Sin pedir explicaciones, sin preguntar y sin juzgarme. Ese día me di cuenta de que la amistad es mucho más de lo que pensamos, más de lo que a veces creemos que tenemos.

Yo tengo mucha suerte, tengo amigas, buenas, maravillosas, tengo incluso alguna hermana que otra, que no de la misma madre. También tengo decepciones en la agenda, es normal, no todo el mundo es bueno, o bueno para ti.

Las amigas de siempre son esas que solo mirando por el rabillo del ojo, te han cogido al vuelo, es una sensación espectacular. Son esas con las que recuerdas tu infancia y revives momentos inolvidables que no puedes compartir con nadie más, solo con ellas, porque son las que llevan ahí todos esos años, sin fallar, aunque estés lejos, aunque haga semanas que no las llames, aunque una vez tuvieras una pelea dolorosa. Son con las que te sientes en casa, segura y confiada, sabes de qué están hechos sus corazones y por eso las quieres.

Hay muchas amigas que haces a lo largo de tu vida. En el instituto me dijo una niña que ella normalmente solo salía con sus amigas de toda la vida, y yo le contesté que, a veces, las amigas que haces en el camino son imprescindibles, porque quizá las encuentres en un momento crucial, o sean el empuje importante cuando estés sola y lejos. Y todo esto pasa y es verdad.

Compañeras de locuras que jamás olvidaras, unidas por secretos adolescentes que entonces eran inconfesables. Saltarte clases solo para charlar, las tardes paseando y los veranos tiradas en la playa, pensando qué te vas a poner por la noche y dando consejos como si fueras el Oráculo, es algo que va contigo y que irá siempre.
Luego te tienes que ir de tu casa, preocupada, a ver a quién te encuentras, has escuchado historias de todo tipo y se te plantea un año compartiendo habitación con una desconocida. Encomendada a todos los santos llegas, abres la puerta y te encuentras a una chica normal. Hasta que te ves todos los días charlando hasta las cinco de la mañana y juntando las camas, convirtiéndose en una de las personas mas importantes de tu vida, desde entonces siempre presente y hasta este mismo instante.

La vida de estudiante sigue, y la compartes con compañeras de piso y de clase, personas que te ayudan a crecer, a aprender, a moldearte. Las hay que solo están en esos momentos, y las hay que se quedan contigo muy dentro, amigas de verdad con las que has visto los jueves Gran Hermano, has ido a los chinos a por chucherías, has cansando con tus historias hasta la saciedad y, aún así, escuchaban como si fuera todo muy importante.

No son muchas personas las que son verdaderos amigos, no es tan fácil, por eso es tan importante cuando las tienes. Si miras atrás, al día de ayer, a hace 6 meses o 4 años, recuerda quién estaba contigo, recuerda quién sigue hoy a esta hora compartiendo aventuras y desventuras, a quién le importó tanto un fallo como para alejarse y quién pese a todo estuvo cerca. Recuerda a quién perdonaste, porque a los amigos se les perdona, y quién te perdonó.  A quién no le importó nada lo que dijeran de ti, y quién cambió para siempre para unirse a los rumores, a quién defendiste porque creíste en ella pasara lo que pasara. También recuerda a quién regañaste cuando viste que se equivocaba y quién te regañó a ti, no a la que te dijo "te lo dije", si no a la que te dio un abrazo y te consoló. A la que le contaste una buena noticia y por poco te deja sorda de la ilusión...

Porque son la familia que eliges a lo largo de los años.

lunes, 19 de mayo de 2014

YO ERA UNA NIÑA



Fulminante el tiempo nos convierte en un ramillete de recuerdos mezclados con nuevos bocetos de momentos inolvidables.

Con suerte miras atrás y has sido tan feliz...
Ese momento después de comer, sonaba el timbre y salías corriendo a abrir porque sabías que iban a buscarte para salir a jugar. A LA CALLE.
Yo no nací en el siglo pasado, pero se me hace que hay un salto en estas últimas generaciones que nos hace ser como de una época muy lejana, maravillosa y que no cambiaría por todos los Ipads del mundo.

La ilusión es un concepto que parece que ahora se traduce en idiotez, en ser un "friki" o menos inteligente que los que, con 10 años, creen saber de todo. Qué pena, tener 10 años y sentir la presión que probablemente vas luego a sentir durante toda tu vida de realista adulto. ¿Por qué no vas a soñar con 7, 9 o 10 años? Es tu única oportunidad de ser por un momento una princesa, un dragón, un mago, un guerrero, un hada, todo lo que quieras, sin que nadie te juzgue ni te tome por loco, ¿Por qué dejan que se lo pierdan? ¿Es que no es acaso la mejor locura que pasa por nuestra vida?

La infancia es algo muy corto, cuando eres un niño los meses te parecen años, tu mente es 100% libre, todos los días descubres cosas nuevas y cuando los adultos hablan de cosas serias, te mandan a jugar, ¿hay algo mejor?
Esa libertad se coharta cuando llegan a casa del colegio y demuestran ansiedad profunda por jugar a la Play, al Minecraft, a la Wii, a los juegos de la tablet, sin tener la necesidad de buscar a un amigo, de salir a jugar, de coger los Playmobil y montarte la historia de la tarde. Una dependencia peligrosa, que les crea ataques de ira si se lo prohíbes, histerismos y comportamientos que he visto que, de verdad, me han dado mucha pena y mucho miedo.

A mi, afortunadamente, jamás me ha faltado de nada, incluso caprichos, pero mi madre venía los viernes con un Kinder Sorpresa o un pin de Disney y era la niña más contenta del lugar, como dicen en mi pueblo: ralita. Ahora le das un pin a un niño creyendo que le puede hacer ilusión y es capaz de ridiculizarte en menos de cinco segundos, quien dice un pin, dice un libro, unos chocolates o un juego de mesa sin efectos tecnológicos.
Se están perdiendo un mundo que solo les pertenece a ellos, se lo están perdiendo por tener un móvil por ejemplo, eso ya es lo último por ver desde luego, pero está pasando. Niños de tercero y cuarto de primaria con móviles que usan para bajarse juegos y ¡¡¡hablar por whatsapp!!!
¿Soy la única horrorizada?

Por otro lado podemos hablar de los Reyes Magos, puedo decir que niños pequeños se han reído en mi cara cuando les he preguntado que qué les habían traído los Reyes: que no existen, que eso lo sabe todo el mundo, que hay que ser muy tonto para creerlo, y todo este tipo de contestaciones que me dejan sin palabras. Si la noche de Reyes es para ellos, para que duerman emocionados y crean que hay algo maravilloso que les trae regalos porque son buenas personitas, no hay que robarles eso, si dura muy poco, mirad atrás y recordad las vuestras. El mundo del dinero y las compras está al acecho esperándolos, y cuando lo entiendan ya no hay vuelta atrás, tienen derecho a su inocencia durante algunos años.

No sé si esta sociedad en la que vivimos se llama desarrollada o moderna o como quiera llamarse, pero yo no cambio mi infancia por la que hay ahora ni por todos los avances que haya. Ni las niñas eran bulímicas por comprar Barbies, ni los niños violentos acosadores por jugar a los Action Man, ni los secuestraban por jugar al escondite en la calle los atardeceres de verano, ni les daban drogas por echar el rato en el parque, ni exigían regalos de 600 euros. No teníamos móviles y quedábamos todos los días, ¿paranormal verdad?
El 6 de enero el Paseo Marítimo estaba lleno de bicis, patines y coches teledirigidos, los contenedores llenos de cajas de muñecos y muñecas y por la noche tu familia se sentaba contigo para estrenar La Herencia de Tía Ágatha o montar la caravana de Barbie.

Supongo que habrá opiniones para todos los gustos, y también hay otras cosas buenas ahora, que no todo es un cúmulo de agujeros negros, pero a grandes rasgos y por mi experiencia personal, me alegro de haber sido una niña todos los años que tuve que serlo.

Feliz semana a todos y nunca dejéis que se acabe la ilusión.



jueves, 1 de mayo de 2014


FELIZ DÍA DEL ¿TRABAJO?

A punto de llegar a su fin el primero de Mayo, día del trabajador, me gustaría decir algo breve.

Aún me acuerdo, cuando era pequeña, cómo nos alegraba la vida el puente del uno de mayo, cómo nos explicaban en el colegio la declaración, en julio de 1889, de este día como el de la ratificación del derecho de los trabajadores; cómo creía en la Constitución y cómo me sentía de orgullosa y cuánto iba a trabajar cuando fuera mayor.
Qué mala suerte ¿no?
Qué mala suerte que el tiempo haya pasado para pisotear, machacar y ningunear algo que era tan importante.  Qué mala suerte tener que pagar las consecuencias de años y años de abuso, de engaños, de abrirle la puerta a los ladrones para que nos dejen en bragas.

De qué sirve la política si no hacen uso de ella, sí, para adornar está bien, la pones al lado de "democracia" y quedas como un señor. Suena a progreso, a libertad, suena al pueblo y a sus voces, a la mentira más grande de todas. 
La verdad es que estamos perdidos en una maraña de palabrerío cobarde de unos cuantos listos que desde luego han sido más listos que nosotros, que les damos igual, que siguen esperando que aguantemos. Y aguantamos. 
Los médicos, no son médicos, ni los profesores son profesores, ni los ingenieros construyen nada, los periodistas no se expresan y los investigadores no encuentran la cura de nada. Esa es la verdad, eso es España, y todos los grandes profesionales están celebrando este día haciendo horas extra en algún trabajo de segunda para poder llegar a fin de mes. 

Esto lo digo yo, desde otro país, y lo dirán otros que hoy están en la playa o tomando unas cañas, y no servimos para nada, porque cuando éramos pequeños todo era muy fácil, porque nadie nos dijo que teníamos que levantarnos, ya se habían levantado por nosotros, y habían luchado, no hemos aprendido que un país se sostiene por el pueblo y que un tío que se hace llamar presidente del gobierno es solo una parte más que nos acompaña y no un eco barato de la dictadura. Estamos pagando muy caro nuestras agradables infancias.


Hoy no hay nada que celebrar.